El sonido del silencio

Margaret Bullen
Antropóloga
30-06-04

   "Hello darkness, my old friend, I've come to talk with you again" empieza la archiconocida canción de Simon y Garfunkel y así comienzo esta reflexión en la penumbra que separa la Diana del Alarde del día 30 de junio.

   "Because a vision softly creeping, left its seeds while I was sleeping, and the vision that was planted in my brain, still remains, within the sound of silence."

    El sonido, el significado del silencio es lo que hoy me ronda en la cabeza. El silencio normalmente no se asocia con los Alardes, acompañados como son de la música que emana de la banda, de la tamborrada, o de los txibilitos, redobles y tambores que acompañan la marcha marcial y alegran a participantes y espectadores. El silencio pertenece a determinados momentos del desfile o de la procesión, a ciertos actos que proceden al Alarde en sí, a la Alborada por ejemplo, celebrada hace escasas dos horas. Pero hay un silencio que penetra toda la fiesta: el silencio que rodea el conflicto surgido hace 8 años en torno a la participación de las mujeres en los Alardes.

   "In restless dreams I walk alone, narrow streets of cobblestone", voy en busca del silencio que subyace al ruido de los tambores que se empiezan a oír por las calles de Irun. El silencio que se pierde en medio del ir y venir bullicioso de miles de soldados que hoy se mueven por la ciudad. Pero que impregna sus celebraciones. Porque en los últimos años se ha optado por ignorar la presencia del "otro Alarde", el Alarde que por la polémica presencia de mujeres, se prefiere obviar.

   Después de los primeros años de violenta discusión y enérgico debate, el conflicto se ha sumergido en el silencio. Ya que no se podía hablar del tema sin miedo de enfadarse, violentarse, echar a perder amistades, se ha dejado de hablar. Se ha convertido en un tema tabú, que no se toca, por no abrir viejas heridas, pero son heridas sin curar.

   A raíz de la publicación reciente de un estudio sobre el conflicto bajo el título Tristes Espectáculos he podido comprobar el silenciamiento del conflicto. No por los miedos de comunicación, pero sí por los detractores que no han querido comentarlo ni entrar en ninguna discusión. A mi conocimiento, no ha habido ninguna reseña ni crítica desde los sectores tradicionalistas, y a pie de la calle, muchas personas, familiares y amistades han preferido ignorarlo por la incomodidad que produce, por evitar el enfrentamiento, por no querer darle importancia o por ese llamado respeto a la pluralidad de opiniones.

   El silenciamiento es una táctica común en la historia de las luchas populares o de minorías, sobre todo en la larga lucha por conseguir la plena igualdad entre hombres y mujeres. El no hablar de algo porque es demasiado doloroso, y el silencio que se produce alrededor, crea la ilusión que el problema ha desaparecido, cuando realmente no ha hecho más que enquistarse.

   Pero es una táctica poderosa, y ha sido Mertxe Tranche quien recientemente ha llamado la atención sobre este hecho en relación al conflicto que nos concierne aquí. Con ánimo de romper el silencio que quiere esconder y enterrar la corta historia de las mujeres que desean participar en el Alarde en pie de igualdad con los hombres, Tranche ha producido un vídeo que saca a la luz esa historia y sus protagonistas. En la presentación del mismo hace unas semanas, la directora del vídeo esbozó un paralelo entre el silenciamiento de este conflicto y la evolución de la literatura femenina, que también tuvo que buscar formas de revelarse, empleando estrategias como la adopción de identidades masculinas de manera de poder llegar a publicar su trabajo.

   No faltaban ejemplos de como se ha querido borrar de la historia de Irun todo rastro de esta polémica, entre los cuales se destaca la omisión por el Ayuntamiento de toda mención del Alarde mixto en la exposición en FICOBA - la recién inaugurada feria de muestras- aunque había sido incluido por los diseñadores de la misma.

  Cuando Paul Simon escribió su canción, podía haber estado hablando de los políticos locales: "People talking without speaking, people hearing without listening". Mientras el alcalde habla en su manifiesto electoral de la necesidad de remover todo obstáculo a la igualdad entre mujeres y hombres, el Alarde Tradicional se va afincando con cada vez más fuerza, acaparando los horarios, derechos y privilegios que son propiedad pública y que no se deberían adjudicar a una organización privada que además infringe la ley de la igualdad. Bajo la protección del silencio de las instituciones municipales, el Alarde Tradicional se va esmerando en su presencia y proyección militar, cada vez más uniforme, más regimentado, más reacio a cambiarse.

   Anoche, víspera de San Marcial, el silencio que acompaña al desfile de las antorcheras habló volúmenes de la participación de las mujeres en el Alarde. Este desfile, creado hace unos años como respuesta de los sectores tradicionalistas a la demanda de incorporarse las mujeres al Alarde, reproduce un capítulo de la historia en el cual las mujeres tuvieron su protagonismo. Sin embargo, es una forma más de obviar el planteamiento principal del Alarde mixto, que no es más ni menos que la participación de las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres. Es decir, en el centro de la fiesta, no en los márgenes. En pleno luz de día, no en la oscuridad. Y entre el estruendo de las celebraciones, no en el silencio.

   Si nadie se atreve a perturbar la aparente tranquilidad, el silencio, dice la canción, crecerá como un cáncer. Para llegar a una solución hay que romper el silencio, hay que hablar, pero ya no desde las emociones que caracterizaron el debate visceral de los primeros años, sino desde la razón. Hay que buscar la forma de entablar el diálogo, la discusión y la negociación. Porque desde el silencio, yo no concibo una solución a ningún conflicto.